Hoy 28 de julio, justo en el momento en el que Alan García está dando su discurso, me siento frente a la computadora, como ya lo había planificado el día de ayer, para expresar las emociones y los recuerdos a raíz del matrimonio de uno de mis mejores amigos: Kike Valverde.
Es una pena que por la distancia, mi amigo y compadre se casa en Miami, no pueda estar presente el día de hoy en tan magno evento. Pero ese no es motivo para dejar de pensar en todas las experiencias que tuvo que pasar para, por fin, llegar al altar.
El decidir casarse es la culminación de un recorrido y, a la vez, el inicio de uno nuevo. Por qué, me pregunto, uno decide casarse con una mujer luego de tantas experiencias con otras? Por qué cuando alguien te dice que quiere que seas el padre de sus hijos la miras con desconfianza? Por qué cuando dices que quieres ser el padre de sus hijos no te creen? Por qué uno se equivoca mucho más veces a la hora de elegir pareja que en otras áreas de su vida? Por qué, habiéndose equivocado varias veces, vas detrás de un nuevo intento? Son preguntas que me vienen, cual catarata, cuando un ser cercano decide dar el "sí". Yo lo di una vez, una sola... Y durante mucho tiempo me pregunté si haber respondido afirmativamente había sido lo correcto. La respuesta la encontré 3 años después cuando fuimos a canjear, a un juzgado, ese "sí" por un "no" mucho más rotundo y altisonante.
Y hoy, además de las interrogantes que me hago acerca de mi vida, me vienen algunas para hacérselas a mi compadre. No pienso cagarle el matri ni mucho menos, es simplemente tratar de entender los motivos de una decisión que alguna vez sentí muy lejana y que, con cierta irresponsabilidad, tomé. No es que quiera hacerle un cuestionario público... para nada, pero sí me encantaría ser parte de las neuronas que le quedan y que han hecho que decida, casi de improviso, vestirse de gala, caminar al altar, tomar de la mano a la paisana de Ronaldinho y darle el "sí".
A Kike lo conozco hace poco más de 23 años. La primera vez que lo vi fue depositando sus ojazos en las caderas de una de mis primas y yo, cual vengador anónimo, hacía los mismo con sus hermanas mayores. Entre miradas esquivas fuimos haciéndonos patas, hermanos y luego, cuando nació mi hija, compadres. El tenía en ese momento 17 años, yo 13. El terminaba el colegio y yo empezaba la secundaria. El tenía sexo, yo era onanista a tiempo completo. El, hermanas; yo, hermanos. El, Claretiano; yo, Santa María.
Se fue hace más de 10 años a Miami y a pesar de la distancia sigue siendo mi amigo. Lo quiero, lo extraño. Es difícil olvidar aquellas épocas en las que, cual kamikase, alguno de los dos se sacrificaba con tal de darle el gusto al otro cuando aparecía una chica linda acompañada de otra no tan agraciada. Recuerdo mucho las veces que me iba a buscar a casa y, con algún pretexto tonto, me hacía salir. Dábamos la vuelta a la esquina y ahí, con sonrisas tímidas, esperaban la chica que le gustaba con su inseparable amiga que no era, obviamente, de mi gusto. Pero así somos los amigos, a veces hay que regalar algunos besos al peor postor con tal de ayudar a quien lo necesita.
Hoy te casas, compadre... y por segunda vez! Espero que sea la última. Tomas la delantera. Vamos dos a uno. Pero no cantes victoria. No te olvides que algunas finales se definieron en los últimos minutos... y a balón parado!
Felicidades!!!!
1 comentario:
Estoy segura, con lo poco que te conozco, que pronto encontraras la persona adecuada para tí y compartiras esa felicidad con Kike y eso que no he comprado mi bola de cristal en la cachina....
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