Amigos y enemigos: Este primer ingreso lo escribí el sábado 21 de julio.
Es difícil presentarse cuando se tienen que dar más datos de uno mismo que el nombre. Y digo esto porque uno se puede ver de una manera pero los demás terrestres pueden tener, con o sin motivos, una imagen completamente distinta y lejana de lo que uno es realmente. Prefiero contar experiencias, anécdotas, historias, amores, desamores, alegrías... la vida misma.
Soy fotógrafo luego de intentar en algunas aulas bonaerenses torcerle la nariz al destino. Pensé que estudiar administración de empresas era la carrera que me calzaba perfectamente hasta que me di cuenta que era preferible hacerle caso a la vocación antes que a alguna intención mercantilista. Me dejé llevar por las imágenes y no por las estadísticas, por una cámara antes que por un escritorio. Después de algún titubeo innecesario, en el que quise desarrollar las actividades universitarias en simultáneo con mis pininos fotográficos, largué las separatas de la Universidad de Buenos Aires (UBA) para caer, tras un fuerte ventarrón, en un instituto de fotografía en el centro de la capital argentina.
Les puedo contar, además, que vivo por Magdalena... pero no muero por Susana. Sino, por Glammy, mi hija. Una hermosa e hiperactiva adolescente de 17 años que llegó a mi vida cuando nadaba en la orilla de mis irresponsables y desbocados 18 años. Llegó sin avisar, sin pedir permiso (tal como a veces sale hoy en día), casi en silencio (su primer llanto fue casi 12 horas después de nacida) un 7 de octubre de 1989.
Ser padre es una experiencia alucinante. Unica. No solo pasa por las labores diarias sino por los cambios de hábito y de conducta que fui experimentando a medida que empezaba la convivencia con el nuevo, y esperado, miembro de la familia. Mis mañanas ya no fueron las mismas, cambió la rutina. Si antes me quedaba en la cama hasta que sea la hora de levantarme, iba al baño o a la cocina para hojear las (malas) noticias esas actividades pasaron a estar precedidas por una visita al dormitorio de la nena. También experimenté cierta rapidez en las caminatas de regreso, las llamadas a casa se hacen más frecuentes, se siente un revoloteo de mariposas en la panza (si, señores... el amor de un padre a un hijo también tiene esas reacciones) y mil cosas más. Su sonrisa pasó a ser el pan con dulce de mis mañanas, tardé en nombrar ese amor que hasta ahora me desarma y lo único que me importaba, al igual que ahora, era llegar a viejo.
Hoy, arañando ella sus 18 años y a punto de iniciar su vida universitaria, disfruto y sufro su adolescencia como una insolencia que disfruta volviéndome loco.
Por qué quise escribir mi primer blog acerca de ella? Porque es lo mejor que me pasó en la vida. Porque hoy me sentí indefenso cuando nos despedimos y la dejé en la puerta de la sala de operaciones para que un desconocido, con cara de muchos amigos, la interviniera quirúrgicamente. Sí, hoy tuvo su debút (y, espero, despedida) en esos menesteres. La causa? Nada grave, un benigno y pequeño quiste en uno de sus senos.
Una cosa sencilla pero cuando se trata de hijos, las cosas sencillas no existen. No creen?
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1 comentario:
Eres muy profundo al escribir cada pasaje de tu vida, habla mucho de tí, como persona; espero que las tentaciones del mundo y las malas compañías no te cambien por el contrario sigas en el camino correcto sin mentiras ni desatinos. Te lo deseo de todo corazón.
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