viernes, 31 de agosto de 2007

Mi amante (in)oportuna

El invierno desplomaba su tristeza sin piedad sobre las calles miraflorinas un sábado cualquiera, un sábado de esos que no se deja abrazar. Una de esas noches de bufanda en las que la vida parece ser una película subtitulada en japonés y se hace difícil buscarle la vuelta a tanta adversidad. En cada paso iba encontrando motivos para seguir aferrándome a mi soledad, a empezar a mirarla con algo de confianza y a conocerla un poco más, a entender a esta amante incondicional e inorportuna que aparece, casi de inmediato y sin que la llamen, cuando las otras se van. Mis pasos, que casi siempre reclaman compañía, me hicieron llegar a destino casi sin querer, casi sin avisar. Entré solo, ni siquiera tuve tiempo de despedirme ni de desearle suerte a mi amante ocasional.

Ya dentro, entre cuerpos meneándose, la vi. Yo no buscaba a nadie y la vi. Por lo parlantes vomitaba un salsero que se preguntaba el precio del cielo y yo, que me sentía en el mismísimo paraíso, le regalé una sonrisa que, para mi sorpresa, fue correspondida. Y entre miradas calibre 22 nos fuimos acercando mientras, a dos manos, me desabrochaba el corazón. Hubo baile y conversa, preguntas y respuestas. Los tragos iban porque, en mi caso, nunca vienen. En el lugar, ya casi abarrotado, solo quedaba espacio para los besos que nos dimos. Planeamos viajes que jamás vamos a hacer e hijos que nunca vamos a tener.

La noche, al igual que la vida, seguía su curso. Se hizo tarde y llegó la hora de partir. Mi más grande obligación era el motivo para irme de inmediato y dejar, contra mi voluntad, esos dulces ósculos con sabor a pisco sour. La despedida fue muy breve. "Te llamo", le dije. "Ok, espero tu llamada", ella soltó en medio de la fría madrugada.

Y a la vuelta de la esquina, donde ella suele esperar, yacía mi soledad esperando por mí, decidida a perdonar el injusto trato y mis deseos de abandonarla. "Qué haces aquí muriéndote de frío", le pregunté. "Solo quiero cuidarte", respondió. No pude mirarla a los ojos, solo atiné, algo arrepentido, a tomarla de la mano y caminar, en silencio, junto a ella. Al llegar a mi morada nos acostamos y, sin desvestirnos, nos hicimos el amor.

lunes, 20 de agosto de 2007

Mi terremoto emocional

Es sumamente difícil mantenerme al margen del sufrimiento que por estos días me ha tocado presenciar a través de los medios de comunicación. No hay duda que vivir una experiencia de esta naturaleza no es comparable con ser espectador de la misma desde la tranquilidad de tu hogar, con besos a la vuelta de la esquina, con comida en la refrigeradora, con una cama tendida esperándote y que te verá levantarte para iniciar un nuevo día.

Los testimonios, al menos para mí, son mucho más desgarradores que las imágenes de la tragedia que me han mostrado los canales de televisión y los diarios a pocas horas de sucedido el siniestro. Testimonios que muchos de los pobladores de las ciudades afectadas no han tenido reparo en dar a conocer, seguramente, con la esperanza de obtener la ayuda necesaria para empezar a salir del hoyo en el que el terremoto los ha metido.

Hasta ayer en la tarde todo eran noticias informativas, puras estadísticas, números tan fríos como la propia muerte. Pero al llegar la noche, y con ella las emisiones de los programas dominicales, pude apreciar los testimonios que hago mención. Y me sentí mal, desgraciado. Me sentí parte de esa población limeña que piensa que como no sucedió en nuestra ciudad no nos interesa. Me sentí desangelado al estar apreciando esas experiencias en la tranquilidad de mi hogar, con una coca cola en la mano, pensando en recuperar el sueño perdido por una noche larga en las calles miraflorinas mientras en la pantalla de mi televisor un hombre, proveniente de Ayacucho, contaba que pasó la noche sentado al frente de un hotel semidestruído porque sabía que su hijo estaba ahí, en medio esas paredes rajadas que, hasta el momento del terremoto, le sirvieron de alojamiento.

Los limeños, me incluyo y espero que no todos, tenemos esa indiferencia a flor de piel. Hasta que las desgracias no nos tocan la puerta, no las hacemos nuestras. Recuerdo cuando, en la nesfasta época del terrorismo, se sucedían los atentados y solo se informaban de ellos de una manera lejana, ajena. Pero cuando el caso Tarata remeció la vida de los limeños recién ahí nos dimos cuenta de la magnitud del asunto, que había algo por hacer, de lo vulnerables que somos.

Creamos más en los simulacros, que no sean tomados a la ligera. Seamos concientes, y creemos conciencia, que vivimos en una zona altamente sísmica y que, de alguna manera, algo de preparación es bueno tener para este tipo de situaciones. Podemos salvar vidas.

No pensaba escribir sobre este tema pero anoche, mientras veía las imágenes, cambié de opinión. Para mí, y para los que están a algunos kilómetros de distancia de los que llevaron la peor parte, la tragedia ya no nos es tan ajena. Desde que la muerte decide instalarse tan cerca a nosotros hay que abrir más los ojos y empezar mirarla con desconfianza pues suele jugar sucio y, lo peor de todo, no sabe perder.

lunes, 6 de agosto de 2007

Play de honor universitario

El primer día, el play de honor, el inicio de una nueva experiencia o de una nueva etapa suele ser muy recordado o, si quieren, inolvidable. Así como el primer beso, la primera novia, el primer round amatorio. Cuando se trata del inicio de una etapa o de un proyecto, ese primer día suele estar acompañado tanto de ilusiones como de dudas, de preguntas con respuestas en otra estación. En ese primer día estás pensando en las experiencias que pueden llegar a surgir en la ruleta rusa en la que se puede convertir el nuevo desafío en la que te estás embarcando. Experiencias que no necesariamente van a suceder como las piensas pero a nosotros, los seres humanos, se nos hace inevitable jugar a ser pitonisos con una bola de cristal comprada en La Cachina.

Y creo que es natural en algunos casos. A veces le doy más importancia a lo que puede venir sin tener la certeza de que cuando llegue sea así como lo imaginé. Pero considero, después de algunos fracasos, que es preferible darle más importancia a lo que tienes ahora a la mano que a lo que está más allá de tus narices. Es preferible disfrutar el presente que andar preocupado por un futuro desconocido y, en algunos casos, algo lejano.

Hoy Glammy se estrenó como universitaria. No hubieron fotos, lonchera ni uniforme como en sus primeros días de nido y colegio pero sí, al menos de mi parte, mucha emoción y alegría. En ese viejo bolso al hombro se llevó nuevas ilusiones, las suyas y las mías. No dudo que será un camino espinoso, lleno de obstáculos pero confío, como siempre, plenamente en ella. Sé que eligió la carrera como si fuera un zapatito que le calza perfectamente y eso me da mucha tranquilidad ya que no veo que haya decidido estudiar algo que esté lejos de lo que su corta vida ha sido hasta ahora.

Mucha fuerza en este viaje lleno de experiencias y sabiduría, de nuevas amistades y amores, de alegrías y tristezas, de insomnios y malas noches, de grandes dosis de café y alquitrán... Mucha fuerza para levantarte cuando tropieces y para mantenerte firme cuando sea necesario. Yo estaré ahí, muy cerca, para darte más de una mano y mis brazos. Disfruta tus días. Verás, cuando pasen los almanaques, que fueron tiempos deliciosos.

Bienvenida a este lío, hija de mi alma, enana de mi corazón.

lunes, 30 de julio de 2007

Sorpresa(s) de cumpleaños

Hoy cumplo 36 años. Y es habitual en mí, como cuando llega fin de año, hacer un recorrido por la película de mi vida, por las cosas que me sucedieron y que han hecho de mí lo que ahora soy. Desde aquel invierno del 71, en el que saque la cabeza para ver qué había más allá de la placenta de mi madre, mi vida ha sufrido cambios bastante bruscos. Algunas fueron decisiones propias y las otras las tuve que, sin más remedio, aceptar.

En estos 36 julios he cometido excesos, he mentido y he dicho la verdad, he sido fiel e infiel, he buscado caminos correctos e incorrectos, he salido con chicas menores de edad y mayores que yo, he tropezado con las mismas piedras más de una vez, he practicado la monogamia y la bigamia, me casé y me divorcié, tuve una hermosa hija, he dicho palabras de más y, algunas veces, de menos. Me hice de la U y, en Argentina, de Boca (cómo extraño La Bombonera en un domingo de fiesta). Ah! ... y jamás he deseado a la mujer del prójimo, excepto los lunes, los viernes de lluvia y algún que otro verano.

Hoy, como cada 30 de julio, abundaron los saludos por teléfono y MSN, los mails y mensajes de texto, las tarjetas virtules, abrazos y besos. Hubieron saludos esperados y de los otros. Algunos antes de la fecha, algunos que traspasaron fronteras, algunas llamadas a las 12, otras al amanecer y, los tardones, se manifestaron casi a la medianoche.

Pero lo que más me llamó la atención fue la llamada de mi ex esposa. Es raro, y en esa rareza encuentro una satisfacción enorme el saber que, a pesar de la distancia y la separación (ella es argentina y sigue viviendo en Buenos Aires), hay un cariño enorme que se conserva sin la necesidad de dosis de formol. Ya separados encontramos ese equilibrio al dialogar que tanto buscamos cuando casados pero, por distintos motivos y motivaciones, no encontramos. No es la primera vez que me llama por mi cumple, ya lo había hecho antes pero, esta vez, fue la más sorpresiva de todas. Y puede ser que la razón haya sido que no la esperaba. No sé por qué, tal vez porque no me hubiera parecido raro que no me llame y cumpla con otro método válido como lo es mandar un mail o algo así. Y si después de leer esto, creen que sigo enamorado de ella, se equivocan. Perdí una esposa pero gané una muy buena amiga. Y lo valoro de una manera inimaginable porque en el transcurso de mi vida he sido testigo de las atrocidades que dicen y hacen los ex esposos con tal de dañarse mutuamente, de los insultos que se perpetran porque no terminan de asumir una separación ya consumada. Ojo, a Mariló y a mí nos costó llegar a esta situación pues nuestra separación no fue con guantes blancos. Tuvimos nuestras discusiones, nuestros encuentros pero apenas pasado unos pocos meses asumimos la responsabilidad de una manera que hasta el día de hoy me asombra.

Por eso me alegra poder quedarme con los buenos recuerdos que se activan cada vez que me comunico con ella. Imposible deletear de mi disco duro nuestros viajes a Lima (cosa que mucho no le gustaba porque esta ciudad no es de su agrado), nuestra clandestina Semana Santa en Punta Hermosa, cuando me quiso acompañar a ver a los Rolling Stones y no pude despojarse de una tos que le duró cerca de cuatro meses, el concierto de Fito en el Grand Rex cuando, desde la fila 4, ella entonaba sus canciones con una emotividad propia de una quinceañera, el concierto de Calamaro en el Luna Park, los fines de semana en la quinta de sus viejos (ellos merecen un post aparte, lo prometo) y diversas vivencias que nos tocaron pasar hasta que decidimos canjear lo poco que quedaba de nuestro matrimonio por una gran amistad.

Y es por eso que, hoy, brindo a tu salud y con agua mineral para que podamos cumplir muchos más años (de amistad).

P.D.: Gracias a todos los que me hicieron llegar sus saludos... y los que no, hay revancha el próximo año.

sábado, 28 de julio de 2007

Pequeñas infidencias pre matrimoniales

Hoy 28 de julio, justo en el momento en el que Alan García está dando su discurso, me siento frente a la computadora, como ya lo había planificado el día de ayer, para expresar las emociones y los recuerdos a raíz del matrimonio de uno de mis mejores amigos: Kike Valverde.
Es una pena que por la distancia, mi amigo y compadre se casa en Miami, no pueda estar presente el día de hoy en tan magno evento. Pero ese no es motivo para dejar de pensar en todas las experiencias que tuvo que pasar para, por fin, llegar al altar.

El decidir casarse es la culminación de un recorrido y, a la vez, el inicio de uno nuevo. Por qué, me pregunto, uno decide casarse con una mujer luego de tantas experiencias con otras? Por qué cuando alguien te dice que quiere que seas el padre de sus hijos la miras con desconfianza? Por qué cuando dices que quieres ser el padre de sus hijos no te creen? Por qué uno se equivoca mucho más veces a la hora de elegir pareja que en otras áreas de su vida? Por qué, habiéndose equivocado varias veces, vas detrás de un nuevo intento? Son preguntas que me vienen, cual catarata, cuando un ser cercano decide dar el "sí". Yo lo di una vez, una sola... Y durante mucho tiempo me pregunté si haber respondido afirmativamente había sido lo correcto. La respuesta la encontré 3 años después cuando fuimos a canjear, a un juzgado, ese "sí" por un "no" mucho más rotundo y altisonante.

Y hoy, además de las interrogantes que me hago acerca de mi vida, me vienen algunas para hacérselas a mi compadre. No pienso cagarle el matri ni mucho menos, es simplemente tratar de entender los motivos de una decisión que alguna vez sentí muy lejana y que, con cierta irresponsabilidad, tomé. No es que quiera hacerle un cuestionario público... para nada, pero sí me encantaría ser parte de las neuronas que le quedan y que han hecho que decida, casi de improviso, vestirse de gala, caminar al altar, tomar de la mano a la paisana de Ronaldinho y darle el "sí".

A Kike lo conozco hace poco más de 23 años. La primera vez que lo vi fue depositando sus ojazos en las caderas de una de mis primas y yo, cual vengador anónimo, hacía los mismo con sus hermanas mayores. Entre miradas esquivas fuimos haciéndonos patas, hermanos y luego, cuando nació mi hija, compadres. El tenía en ese momento 17 años, yo 13. El terminaba el colegio y yo empezaba la secundaria. El tenía sexo, yo era onanista a tiempo completo. El, hermanas; yo, hermanos. El, Claretiano; yo, Santa María.

Se fue hace más de 10 años a Miami y a pesar de la distancia sigue siendo mi amigo. Lo quiero, lo extraño. Es difícil olvidar aquellas épocas en las que, cual kamikase, alguno de los dos se sacrificaba con tal de darle el gusto al otro cuando aparecía una chica linda acompañada de otra no tan agraciada. Recuerdo mucho las veces que me iba a buscar a casa y, con algún pretexto tonto, me hacía salir. Dábamos la vuelta a la esquina y ahí, con sonrisas tímidas, esperaban la chica que le gustaba con su inseparable amiga que no era, obviamente, de mi gusto. Pero así somos los amigos, a veces hay que regalar algunos besos al peor postor con tal de ayudar a quien lo necesita.

Hoy te casas, compadre... y por segunda vez! Espero que sea la última. Tomas la delantera. Vamos dos a uno. Pero no cantes victoria. No te olvides que algunas finales se definieron en los últimos minutos... y a balón parado!

Felicidades!!!!

jueves, 26 de julio de 2007

Debut (y, espero, despedida)

Amigos y enemigos: Este primer ingreso lo escribí el sábado 21 de julio.

Es difícil presentarse cuando se tienen que dar más datos de uno mismo que el nombre. Y digo esto porque uno se puede ver de una manera pero los demás terrestres pueden tener, con o sin motivos, una imagen completamente distinta y lejana de lo que uno es realmente. Prefiero contar experiencias, anécdotas, historias, amores, desamores, alegrías... la vida misma.

Soy fotógrafo luego de intentar en algunas aulas bonaerenses torcerle la nariz al destino. Pensé que estudiar administración de empresas era la carrera que me calzaba perfectamente hasta que me di cuenta que era preferible hacerle caso a la vocación antes que a alguna intención mercantilista. Me dejé llevar por las imágenes y no por las estadísticas, por una cámara antes que por un escritorio. Después de algún titubeo innecesario, en el que quise desarrollar las actividades universitarias en simultáneo con mis pininos fotográficos, largué las separatas de la Universidad de Buenos Aires (UBA) para caer, tras un fuerte ventarrón, en un instituto de fotografía en el centro de la capital argentina.

Les puedo contar, además, que vivo por Magdalena... pero no muero por Susana. Sino, por Glammy, mi hija. Una hermosa e hiperactiva adolescente de 17 años que llegó a mi vida cuando nadaba en la orilla de mis irresponsables y desbocados 18 años. Llegó sin avisar, sin pedir permiso (tal como a veces sale hoy en día), casi en silencio (su primer llanto fue casi 12 horas después de nacida) un 7 de octubre de 1989.
Ser padre es una experiencia alucinante. Unica. No solo pasa por las labores diarias sino por los cambios de hábito y de conducta que fui experimentando a medida que empezaba la convivencia con el nuevo, y esperado, miembro de la familia. Mis mañanas ya no fueron las mismas, cambió la rutina. Si antes me quedaba en la cama hasta que sea la hora de levantarme, iba al baño o a la cocina para hojear las (malas) noticias esas actividades pasaron a estar precedidas por una visita al dormitorio de la nena. También experimenté cierta rapidez en las caminatas de regreso, las llamadas a casa se hacen más frecuentes, se siente un revoloteo de mariposas en la panza (si, señores... el amor de un padre a un hijo también tiene esas reacciones) y mil cosas más. Su sonrisa pasó a ser el pan con dulce de mis mañanas, tardé en nombrar ese amor que hasta ahora me desarma y lo único que me importaba, al igual que ahora, era llegar a viejo.
Hoy, arañando ella sus 18 años y a punto de iniciar su vida universitaria, disfruto y sufro su adolescencia como una insolencia que disfruta volviéndome loco.

Por qué quise escribir mi primer blog acerca de ella? Porque es lo mejor que me pasó en la vida. Porque hoy me sentí indefenso cuando nos despedimos y la dejé en la puerta de la sala de operaciones para que un desconocido, con cara de muchos amigos, la interviniera quirúrgicamente. Sí, hoy tuvo su debút (y, espero, despedida) en esos menesteres. La causa? Nada grave, un benigno y pequeño quiste en uno de sus senos.
Una cosa sencilla pero cuando se trata de hijos, las cosas sencillas no existen. No creen?